Sujeto del trauma y “prescripción” de diversidad de género

Los niños de hoy, frente a la elección crucial sobre su identidad sexual, en el lugar de la diferencia de los sexos, se encuentran con la “prescripción” de la diversidad. Una diversidad de categorías de género (LGTBIQ+) que lo desplazan de binario a múltiple, desvelando la complejidad de lo que está en juego y mostrando, en un cortejo de formas cada vez más variadas, la condición de semblante de esa diferencia hombre-mujer.

Si el Nombre del Padre funcionó durante mucho tiempo para poder identificarse en un lado o en otro, su caída deja más a las claras algo que ya era así, la piedra en el tejado de cada cual para ubicarse.

En los tiempos que corren, de pasión trans, de pasión por lo nuevo y por los cambios constantes, la defensa del derecho a la autodeterminación de género, ha tomado un lugar principal en el debate político y social, produciendo una fuerte división de opiniones.

La autodeterminación apuesta por una autorización sin los otros, a los que se sitúa en una lógica de dos bandos, como defensores o como intrusos. Y también por un horizonte de homeostasis lograda a partir de la identidad de género.

Se prescribe la diversidad y se ofrece el marco para que se haga explícita una elección, acortando cada vez más el tiempo para entender algo de lo que se presenta como complicado, incomprensible, enigmático. Eso que Freud localizó y nombró como fijación. Una fijación sobre algo sexual que fue vivido como excesivo y a lo que no se tiene acceso directo. El trauma o traumas vividos en la historia del neurótico, habrían sido reprimidos produciendo inhibición, síntoma, angustia… y deben ser interpretados.

Lacan se desplazará de la historia del sujeto a un axioma general, el no hay relación sexual. Se trata de un trauma estructural, un agujero en lo sexual para todos.

Las propuestas identificatorias que se ordenan sobre una identidad de género, apuntarían a sellar ese agujero de la no-relación sexual, desde la voluntad del yo, proponiendo un horizonte no muy lejano en el que finalmente se lograría una identidad del ser que vendría a explicarlo todo (la falta, el malestar, el goce extraño).

La perspectiva del sujeto del trauma y ese concepto freudiano de fijación dan cuenta de que no es tan fácil producir ahí -sobre esa respuesta desconocida que se escribió de un modo singular en cada uno-un cambio. Un psicoanálisis dura mucho tiempo porque opera en dirección contraria, de las identificaciones hacia el núcleo de goce que insiste sobre lo real. Se trata de remitir al sujeto a su vacío primordial, el de-ser, la pérdida de todos los papeles (papeles mojados) que recubrían ese real, para producir un modo “nuevo” de hacer con ello.

 

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