¿Amores traumáticos?

¿El amor es traumático? ¿O más bien es que el amor puede venir al lugar del trauma y lo repite en un intento de reescribirlo?

Enamorarse “locamente”, dejar todo por la persona amada, no poder estar separada de él, y caer en un pozo de desamparo donde se hunde el deseo de vivir cuando no eres el centro de su atención.

Así fue mi primer amor, del que me “arranqué” para no perecer. Y tras él, me juré que nunca más me enamoraría así.

Pero ¿qué había pasado?, si había logrado esa mirada que me colocaba en el lugar de la “alhaja” y yo también lo era todo para él.

Ser todo para el otro y que el otro lo sea todo para ti, eso “resonaba con pasión” en mi cuerpo. Una pasión que me “ataba” hasta la asfixia, que reavivaba una marca que no por no saber leerla, dejaba de “devorarme”.

Para liberarme de ello solo podía irme y quedarme perdida y sola, invención sintomática del sujeto. Pero mejor esto que ser “carne de su carne” y poder quedar reducida a un “despojo”.

Y es que el amor puede convertirse en el empeño de cegar el agujero insalvable abierto en tu constitución de hablante, en insistir en hacer existir la relación sexual. Pero por esta vía, solo se logra redibujar la marca que escribió el trauma en el cuerpo y quedarse reducido al ser de goce que uno es antes del Otro.

 

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