Juanito y la sincronía del trauma

En su texto de presentación del eje temático Los traumas sexuales infantiles, Begoña Isasi se refiere al caso Juanito apuntando al origen de su fobia, el encuentro con sus primeras erecciones.

Isasi destaca el espanto del niño ante dicho acontecimiento y la lectura que Lacan hace de ello como el encuentro del niño con su goce sexual, el goce hétero de su propio cuerpo. Esa viñeta apunta a la fórmula sincrética del trauma: no hay relación sexual –ni siquiera con el propio órgano, podríamos añadir.

En el texto de Isasi encontramos las dos versiones de la teoría del trauma: la diacrónica, clásicamente freudiana, que ilustra con el caso Emma, y la sincrónica que, Lacan finalmente nos ayudó a ver también en el inventor del psicoanálisis, si seguimos a Miller1 y que captamos en Juanito.

Freud observó que más allá del saber inconsciente de las fantasías aparece la repetición en acto de aquello para lo que no hay palabras y cuyo origen se liga a la contingencia de un encuentro2. Es la repetición de lo real traumático. Aunque real y fantasía no se riñen, como señala Lacan: “la fantasía nunca es nada más que la pantalla que oculta algo bastante primario, algo determinante en la función de la repetición”3. Ese algo primario sería el encuentro con la sexualidad. Juanito, con su sueño de angustia de separación, nos habla de la causa del inconsciente, la sexualidad traumática; mientras que sus múltiples elaboraciones fantasiosas le sirven para recubrir el trauma4.

Freud destaca como origen del trauma la sorpresa del sujeto ante un acontecimiento y una sensación de extrañeza que llamará unheimlich –posteriormente Lacan hablará de extimidad– y sitúa lo sexual como algo que siempre se presenta con una “inquietante familiaridad”.

Vemos entonces en Juanito la fórmula sincrónica del trauma en esa primera excitación sexual de su “cosita de hacer pipí”, que le resulta enigmática y que reprime, pero que insiste y él intenta tramitar con su fobia, tratando de limitar el goce de su cuerpo, que se le escapa, con toda una serie de significantes –caballo, ómnibus, carga…– que devienen objetos fóbicos en los que localizar aquella angustia primitiva. La fobia surge como defensa frente a ese goce hétero, goce no autoerótico –como Freud había interpretado y en consecuencia explicado la fobia como respuesta a la represión de aquel goce masturbatorio.

Lacan en su última enseñanza nos lleva a entender el goce como del Uno Solo. No se trata ya de entender la castración como la reprimenda del Otro –la madre de Juanito que amenaza con cortarle el pene si sigue masturbándose– sino como el choque que produce el propio cuerpo al manifestársenos ajeno, desconocido, por la irrupción de lo sexual.

En último término, a través del caso Juanito vemos que la angustia de separación es originariamente producto de la vivencia de separación respecto a nuestro propio cuerpo. Algo ajeno sentido en el propio cuerpo es ya lo originariamente traumático como acontecimiento de cuerpo.

 

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Notas:

  1. Miller, J.-A., Causa y Consentimiento, Buenos Aires, Paidós, 2019, pág. 138.
  2. Freud, S., “Más allá del principio de placer, Obras completas, tomo 18, Buenos Aires, Amorrortu editores, 1992, págs. 1-62.
  3. Lacan, J., El Seminario, libro 11: Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis, Buenos Aires, Paidós, 1998, pág. 60.
  4. Berenguer, E. (ed.), ¿Con qué sueñan los niños? El inconsciente y el deseo en la primera edad, Barcelona, Ned ediciones, 2020, págs. 13-33.